La niña de las Mariposas

Una tarde lluviosa, Alexander conducía su coche negro, esperando que saliera el sol.

Llevaba sus gafas de sol para los días de lluvia, esperando el resplandor que acontece después de la tormenta.

Y el arco iris surgió de repente, de la nada, con su espectro de colores en un cielo tan azul como nunca soñó.

Y Alex decidió llegar al final del arco iris para encontrar el caldero de oro que le habían contado que encontraría en el punto donde el extremo oriental de dicho arco se fundía con la tierra o con el mar.


Y viajó durante horas o días.

El tiempo se detuvo en un día perpetuo que no acababa nunca, en una esperanza vana de encontrar el final de un sueño, un mundo de colores, donde ni blanco ni negro tuvieran sentido. 

Y llegó a una zona boscosa, de un país heredero del Imperio Romano de Oriente, de tradición ortodoxa y bizantina, emparentado con la antigua Dacia.


Estaba en Brasov, cerca de los Cárpatos, cerca de Transilvania, en el país llamado actualmente Rumania.


Alexander llegó hasta un castillo y ya podía ver el final de su viaje.

El arco iris acababa en un bosque encantado donde relucía un caldero lleno de monedas de oro.


Alex pensó que con ese oro que podía transformar fácilmente en dinero, podría financiar su magia, podría pagar sus inventos.

Y al llegar se encontró a una niña, a Ekaterina, o Eka, como la llamaban sus padres y sus amigos.



Eka era la niña de las mariposas, hablaba con ellas, volaba con ellas y soñaba en su idioma.


Las mariposas le hablaban de una tierra al oeste, una tierra extraña, llamada España, llena de coches, de humo, contaminada.

Muy pocas mariposas se aventuraban a ir a esa tierra, donde cada vez habían menos bosques, más gente, más ruido y menos esperanza.

La gente ya no se miraba a los ojos en España, no miraba al cielo, miraba al suelo constantemente y hablaban constantemente de una palabra llamada CRISIS, que las mariposas no entendían.

Habían inventado los humanos una cosa que se llamaba dinero, que eran unos papeles o unas monedas y a veces ni eso, eran unas anotaciones en unas libretas que hacían una especie como de tiendas que no vendían nada, solo producían dinero y se llamaban BANCOS.

Ese dinero, en papeles o monedas o en el banco, se cambiaba por cosas necesarias como la comida, el techo o el abrigo o cosas ridículas e innecesarias.



Eka, la niña de las mariposas no entendía nada.


Le contaron que había humanos que echaban a otras personas de sus casas, para quedarse con las mismas y cambiarlas por dinero.

Eka no entendía como podía haber padres con hijos que echaran a otros niños de sus casas para tener más dinero.

Personas mayores, niños, jóvenes se quedaban sin abrigo, ni sustento, solo para enriquecerse unos cuantos y empobrecerse demasiados.

Eka era una niña feliz, vivía con sus papás en una cabaña en el bosque que les proporcionaba todo lo necesario: comida, bebida, ropa, abrigo y sustento.

Alexander miró atrás y pensó en quedarse a vivir en ese bosque para siempre y ser feliz.


Vivir junto a Eka, junto a su familia y esperar a encontrar el amor que en España no encontró junto a los suyos, sin familia, casi sin amigos.

Y
Eka le contó una historia, le dijo que sus papás no le dejaban pintarse, porque era muy pequeña, porque no tenían dinero.


Y Eka, con la cara recién lavada en el río, de agua fría y cristalina, hizo una señal al cielo.



Acudieron miles de mariposas, tal vez millones.

Envolvieron a Eka en un manto de colores ante los ojos atónitos de Alexander.

Eka se transformó en una mujer preciosa, de nombre Monika.

Las alas de diferentes colores transformaron el cuerpo de niña de Eka en una exuberante mujer de una belleza extraña.

Su cabello se tornó rojo, como el FUEGO. Sus ojos eran de AGUA, azules como el cielo que refleja el mar en los días claros.

Su piel era de TIERRA, tostada como la arena de la playa. 

Su alma era de AIRE, que se transforma en viento cuando las mariposas baten sus alas.

Para tapar la desnudez de su cuerpo Eka se vistió con un sombrero amarillo y las mariposas aletearon dejando caer la tintura de sus alas para maquillar su rostro, con pinturas de diferentes colores.

Dicen que los hombres mienten y las mujeres se maquillan, pero Eka, vestida a los ojos del bosque y desnuda a los ojos de los hombres, le dijo a Alexander su verdad.


Alex, tienes un don, un don muy especial.



Eres mago, inventor, escritor, un hombre del Renacimiento en el siglo XXI.

Los humanos no te entienden, las cucarachas te odian o simplemente se querrán aprovechar de tí.

Las hormigas te temen, creen que tus inventos amenazan su sustento.

Sólo te entenderán las mariposas o los humanos que se relacionan con ellas.

Sufrirás y mucho. 

La mayoría de humanos te tacharán de loco, de extraño.

No temas por ello.

Perderás a tu familia, a toda ella, se apartarán de ti, como de la peste negra.

Sólo quedará tu hermano, en el cielo, aquel que murió el 11/9/1999.

Está contigo, aquí arriba cuidando de ti, dándote esa fuerza sobrehumana que notas todos los días.



Las mariposas cuidan de tu hermano Aitor y él está cuidando de ti.

Al final de este arco iris que te ha llevado desde España a Brasov, en Rumania, te espera este caldero de oro.

Es el premio por haber trabajado en un banco, un banco negro con una estrella azul, que dice que tiene alma y nunca la tuvo y nunca la tendrá.

Es tu premio por haber trabajado en el lado oscuro de la estrella in haber perdido tu esencia, tu bondad ni tu inteligencia.

Alexander: eres inventor y siempre lo fuiste.


Te debes transformar en cucaracha, hormiga y mariposa a la vez.

Y sólo podrás hacerlo con magia, siendo mago.

Viste de oscuro, de gris o negro.


Ponte corbata de colores que no asuste a los humanos.


Hazte empresario.

Transforma con tu magia, con tus inventos este caldero de oro en una fortuna incalculable.



Ponte como objetivo ganar todo el dinero que puedas.


Cuuando ganes una fortuna, gana todavía más.

Y para qué queremos las mariposas que ganes tanto dinero: para rapartirlo mejor y aliviar tanto sufrimiento entre los humanos.


Ayuda a los niños, a los ancianos, a los enfermos mentales o a los que les acusan de serlo, a las personas que caen en el alcohol, en el juego o en la droga, a los que echan de sus casas, a los que no tienen dinero.



A las pobres chicas que por dinero venden su cuerpo sin querer hacerlo, para mantener a sus hijos, a sus padres.

Ayuda a los que puedas y hazles feliz si es posible.

Pero Aitor, tu hermano, desde el cielo,aquel rubio de ojos azules, que murió joven y guapo,con 21 años.
nos ha hecho llegar el siguiente mensaje.





FELIX VINCIT: tal como dice tu nombre debes ser Feliz y eso te ordeno.

Tal como dice tu nuevo apellido, el que te has inventado, debes ganar la partida, debes ganar tu vida.

Ten al menos una hija a la que llamarás EVA, como la primera madre.

Será nuestra hija, la tuya y la que yo deberia haber tenido.

Te envío una paloma mensajera para que juntos empecéis otra vez el camino.

Llevas más de 15 años en una Odisea que ni el propio Ulises sufrió cuando regresaba a su patria.

El mensaje es claro: dar soluciones a las personas, ser feliz y ayudar a ser felices a los demás.

Al final del camino te espera el Amor.

Amor que no pueden explicar las leyes de tus matemáticas, ni la ingeniería, ni se puede codificar en ninguna aplicación informática.

Y te llegará tras un arduo camino, donde te espera tu hija y tu hermano y será la base de tu familia, una nueva familia.

Otra noche que acaba en donde te encuentres.

Otro día que despierta.

Y la promesa de tu hermano es que encontrarás la felicidad al final del camino ayudando a los demás.

Noo te lamentes por luchar tanto para alcanzar una felicidad que otros tienen más a mano.

Es tu destino.

Como fue el mío morir a la injusta edad de 21 años, en una carretera, el 11/9/1999




Aitor & Felix Vincit

Hermanos


Dedicada a Yudelka, la Caribbean Mariposa Mulat.ta y a su hija Poli, la niña de las Mariposas dominicana.

Dominican Republic                                                                        2017/11/03





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